martes, 9 de febrero de 2016

De Andalucía a la Patagonia: Antonio Luis Ginés.



Antonio Luis Ginés, (1967, Iznájar, Córdoba)






ROTONDA

Uno escribe sobre lo que ve.          
Por eso no quería aquella habitación 
con vistas a la rotonda,                     
donde el tráfico, fluido e incesante,
nos llevaba a escribir                         
sobre gente que pasa, sobre coches 
que no dejan rastro. Prefería vistas
a la sierra pero no pudimos elegir. 

Me preguntaba en qué momento     
había sido uno de aquellos automóviles     
que no se detienen, corriendo   
sin la certeza de un destino.     
Uno no percibe a los demás  
cuando está dentro, formando  
parte de ese círculo, mientras la vida  
en su tránsito, nos desplaza.

Uno escribe de las entradas    
y las salidas a la rotonda, de esa chispa
que surge cuando dos vidas              
transcurren por el mismo instante.

Me pregunto si no soy el que ahora,
desde fuera, escribe sobre el de dentro,
como si le conociera. 







¿ACASO NOSOTROS?

Tras los dibujos de mi hija, de trazo
incierto, escribo este poema.
Observo sus garabatos.
Tratan de definir una casa, una puerta,
unas ventanas, y un par de figuras
jugando afuera.
Recorro cada línea, cada silueta
inacabada. ¿Quiénes son?
Apenas reconozco esas formas.
Lo que mi hija quiere dibujar
está ahí. Quisiera hacerlo mejor,
dejarlo todo más claro
pero la casa, las figuras,
tienen su propia versión de las cosas.
No parecen contar con nuestro asombro
para cambiar de vida.






DEGAS CONMIGO

Un viejo cuadro,
reproducción de Degas,
es lo único que conservo, lo demás
ha ido desapareciendo.
Degas me acompañó por varios pisos,
estancias en que las bailarinas
seguían dibujando sus piruetas.
Bailaban para nosotros, y ese cuadro
que mi madre tocó, mi padre
llevó a enmarcar, y luego estuvo encima
de la cama de mi abuelo
durante algunos años, ahora,
está aquí conmigo, como si pudiera
decirme algo sobre todos ellos.
Lo observo: las bailarinas siguen tan jóvenes.
Parecen mirarme,
no sé si es asombro o costumbre
pero salen a bailar cada noche
cuando la música calma nuestro cansancio,
y el tiempo se cansó de esperarnos.

(del libro “APRENDIZ”, Isla de Siltolá, Sevilla, 2013)






POEMA DEL CELADOR

De pronto el pijama puesto, el contrato
firmado, y otra vez las carreras, los ascensores
siempre llenos, las discusiones,
mudar la piel, la voz, otra realidad,
luchar por un poco de dinero.
Días perdidos de sueño.
Horas de intranquilidad y de dudas.
Tratar con gente, poner
una sonrisa cuando sólo hay dolor
y miedo en los rostros, hacer
como si no viera cada hueso roto,
cada herida abierta, cada mueca,
moldear las frases, decir:
Tranquilo, se curará, sin saber siquiera
si será así o si no llegará a mañana.
Decirle a los familiares que gritan
angustiados, que lloran en el pasillo
que su hija, su nuera, su madre
no se ha tirado desde el tercero,
que no tiene las piernas rotas, la cadera
jodida, que sólo perdió el equilibrio,
que no repite, mientras la cambiamos
de camilla, con un grito afilado,
que sólo quiere morirse dios, morirse
de una vez por todas.
(del libro “CELADOR”, Ayto. de Priego de Córdoba, Córdoba, 2012)







Antonio Luis Ginés


(1967, Iznájar, Córdoba)

Desde 1995 viene publicando algunos libros de poesía, destacando quizás “Animales perdidos” (2005, Plurabelle), “Picados suaves sobre el agua” (2009, Bartleby), y “Aprendiz” (2013, La Isla de Siltolá).
En el género de los relatos también tiene publicados una par de libros, el más reciente: "Teoría de lo imperfecto" (2015, La Isla de Siltolá). Co-fundador de la Asociación Cultural Mucho Cuento.
Ha participado en alguna que otra antología y también ha ejercido la enseñanza en talleres literarios-creativos durante algunos años. A veces ejerce la crítica literaria en los Cuadernos del Sur del Diario Córdoba.
Permanece muy atento en este encuentro con la vida y la poesía, en un aprendizaje interminable, en el que las dudas son imprescindibles para seguir planteándonos nuevas búsquedas.
Sigue escribiendo.

Fotografías del autor.
En Córdoba con la poeta Concha García, noviembre 2015.


martes, 19 de enero de 2016

Melissa Bendersky, Bariloche.


Francisco nació con los ojos abiertos.
*
Sueña. Peces azules y celestes pasan delante de la Luna.
Francisco nunca vio un pez.
*
Sus ojos crecen a medida que el mundo se agranda.
*
Se despierta de la siesta y llama o se queja.
Subo a darle la bienvenida.
Nos quedamos un rato acostados, en silencio
miramos las moscas.
Es enero, el calor mató a las chaquetas
y trajo moscas negras, zumbonas.
Entre las maravillas del mundo, los insectos
ocupan un lugar notable en la valoración de Francisco.


Melissa Bendersky, (de "¿Con qué sueña Francisco?", en "Hijo e´ pluma", ed. 2013)."Poesía/Río Negro. Las nuevas generaciones", Raúl O. Artola, compilador. FER/UNRN.



Un cuento no es un horóscopo

He delirado por Alicia.
La he nombrado, citado, pensado.
Desde la primera vez percibí trazos oraculares.
He visto al conejo blanco, deseando
una señal, una señal.
Y he perseguido.
(de "Felicidad", en trabajo).

"Poesía/Río Negro. Las nuevas generaciones", Raúl O. Artola, compilador. FER/UNRN.



5700
Sonó un tiro Pareció
una lanza en la oscuridad
No vi
lo sentí como una caña seca
o un fierro oxidado

Aunque giro la cabeza
no llego a verme debajo del omóplato
*
¿Se desea en la medida de lo que se tiene
o se tiene en la medida de lo que se desea?
*
5700 pesos
es igual a 30200
igual a medio millón
siempre es papel
Importa más lo que se desea
*
Mis dedos están en un charco
Estoy en la calle
Se escucha distinto desde el suelo
*
El agujero quema y alrededor
la carne está helada
*
Ronda un perro
Ya no sé qué día es
Al amanecer alguien me apedreará
me pisará un auto ida y vuelta
Cuando llegue la ley no estaré
(de Poemas políticos/Químicos naturales, inédito)
 "Poesía/Río Negro. Las nuevas generaciones", Raúl O. Artola, compilador. FER/UNRN.

 



Melissa Bendersky:  La costura invisible
Comentario a la obra de Melissa Bendersky por Bruno Di Benedetto, Pto. Madryn.


La selección que de su poesía nos ofrece aquí Melissa Bendersky fue extraída de tres libros: Nido de Ballena (Ediciones Deldiego, 2001), Té ((y comentarios para té)) (inédito, 2000/2007) y Palmeras (inédito, 2003/2008).
Tres proyectos poéticos que, parcialmente, han coexistido en el tiempo; tres paisajes, tres climas diversos unidos por una costura invisible (por lo tanto no tan fácil de detectar) y por una evidente voluntad expresiva.
Nido de Ballena comienza con esa descripción estática tan propia de los sueños, las alucinaciones o los primeros recuerdos. En ese fondo de neblina verde las acciones posibles son mínimas, acotadas por la inmovilidad típica de la pesadilla (los muertos sueñan mientras pierden los ojos) o, sin contradicción, desmesuradas (la construcción de escondites con restos de naufragio). La residencia en el fondo del lago se obtiene por accidente o por error insalvable: Los árboles que cayeron / y los que crecieron ahí/ equivocados/ son redes/ de peces/ y dragones.
El cruce de elementos de la realidad y de las fantasías primordiales (Hay dragones,/ pájaros no,/ cangrejos de piedra/ rayas que reptan) tal vez deba su existencia a una mágica grieta donde estos dos mundos aparentemente inconciliables encuentran su razón de ser. A esa grieta bajan los monstruos a morir/ a contar historias los muertos. Los monstruos mueren donde empieza la palabra. Los muertos, entonces, no están tan muertos: han perdido los ojos, pero retienen el don de contar sus sueños. Tal vez justamente por eso, sobre el final del poema, es posible poner en marcha lo inmóvil. El agua no tiene otra opción que obedecer su propia, secreta, voz.
El paisaje y el pacífico comienzo de ((y comentarios para té)) son engañosamente tranquilizadores. Hay un hombre que baja lentamente una colina con su carga de té, hay un perro que lo sigue o, según, lo precede, hay un pueblo, hay camiones que esperan la carga.
Es notable cómo Melissa, en pocos trazos, da cuenta de la relación que existe entre el hombre y el perro: El hombre no le habla nunca, lo mira,/ y el perro siempre sabe/ de qué se trata. Se llega a sentir que hombre y perro son desdoblamientos de un único ser: uno de ellos carga la bolsa, el otro la resignación: Lo acompaña un perro/ color negro y café,/ que come cuando sobra en la casa. Pero la súbita ruptura de la continuidad gráfica, con esas columnas a la derecha encerradas en un doble paréntesis, indica que las cosas no son tan simples como a primera vista parece.
Una costura invisible pretende/ revertir el caos leemos en los “comentarios” situados a la derecha. El mundo, como el poema, sufre un desgarro permanente. La conciencia del desgarro confiere una lucidez atroz, en tanto permite dar cuenta de una presencia amenazadora que remite directamente a un cuento de Guy de Maupassant. El remiendo es útil en tanto logra disimular la existencia del horla.
Los paréntesis dobles, a primera vista anómalos, justifican plenamente su existencia, ya sea como lente que, mal que nos pese, permite descubrir la presencia de lo otro, o bien como una costura doble que, precariamente, nos mantiene a salvo.
Finalmente, en estos poemas de Palmeras, Melissa sostiene un encuadre fijo, hipnótico, sobre una princesa grácil y a la vez acorazada en tules y gasas, con su pelo revuelto y una sensualidad que late a diferentes profundidades en todos los poemas. La inmensidad del desierto gira alrededor de esta bailarina. La lejanía no hace mella en su encanto: Para las caravanas la palmera es/ una fuga del desierto. Desde esa distancia que la convierte en punto de fuga del cuadro, la palmera, cimbreando, construye espacio y altura, concentra toda la luz del desierto en sus tatuajes y nos revela su música animal.
Bruno Di Benedetto, Puerto Madryn, Febrero de 2009.

Melissa Bendersky nació en Bariloche, Río Negro, Patagonia argentina, en 1975. Estudió periodismo en el Taller Escuela Agencia y unos años en Comunicación Social de la UBA en Capital Federal. Durante ese tiempo trabajó en la Secretaría de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Actualmente trabaja de correctora, editora, periodista, y hace prensa.
Ha coordinado talleres de escritura, y creado elementos gráficos diversos (libro: "El libro verde"; revista "Arde Morales"; suplemento literario "Así íbamos a las fiestas"; suplemento "Qué me pongo".
Participó y organizó lecturas, encuentros e intervenciones poético-literarias.
A principio de los años noventa formó parte de la organización de los encuentros de poetas La luna con gatillo, realizados en Bariloche.
Durante los años en que vivió y estudió en la ciudad de Buenos Aires (Argentina), integró el grupo de intervenciones poéticas Cuelga de poemas y la editorial independiente Ediciones del Diego.
Es autora de Nido de ballena, Ediciones del Diego, 2001, y de los libros inéditos: Palmeras; Té ((y comentarios para Té)) -con ilustraciones de Gabriela Herrera-; y Químicos naturales; todos ellos de poesía.
Textos suyos integran diversas antologías como Marcas en el tránsito - Antología de Poetas Jóvenes de Bariloche, Ediciones Último Reino, 1995; Neues von Fluss, antología en alemán de cuentos de escritores argentinos, uruguayos y paraguayos (Berlín, Alemania, Editorial Lettretage, 2010); Hijo e´ pluma. Antología babosa de padres poetas (e-book, Ediciones Ananga Ranga Taller, 2013) y recientementeo Poesía / Río Negro - Las nuevas generaciones, Antología consultada y comentada, compilador Raúl O. Artola (FER/UNRN, 2015).

sábado, 5 de septiembre de 2015

Del blog Il canto delle Sirene:

http://cantosirene.blogspot.it/2013/05/un-te-con-marianne-moore.html

[Graciela-Cros2.jpg]

IL TÈ

Quando Marianne e sua madre
/Mrs. Moore/ conversano
attraverso il vapore che sale dalle tazze
la leggerezza si installa nella scena
così
domestica

Parlano
come se quel che dicono
fosse già stato scritto

"Dovremmo uscire
sotto l’ombrello del nostro contagio"

/ propone l’anziana
e Miss Moore concorda
con brevi sospiri

Le mie figlie entrano
e ascolto le loro voci
che si incorporano alla scena:

"Non dimenticare che un uomo deve essere letto
Bisogna leggerlo
                          non solo ascoltarlo

La sua voce non sempre è la sua parola"risponde una all’altra
e sento che parlano
come se quel che dicono
fosse
già stato scritto.
 

.
Qualche tempo fa avevo proposto una poesia di Lina Kostenko in cui la poetessa ucraina immaginava di ospitare nella sua casa Aleksandr Blok. Le meraviglie di chi legge, commentavo, la fantasia che permette di conversare con i grandi o piccoli scrittori del passato. Così fa anche l’argentina Graciela Cros (Carlos Casares, 1945), che si imbuca in un tè tra la poetessa statunitense Marianne Moore e sua madre Mary. Quando arrivano le figlie di Graciela, irrompe anche la realtà nella fantasia…





EL TÉ

Cuando Marianne y su madre /Mrs. Moore/ conversan
a través del vapor que se alza de las tazas
algo liviano se instala en el cuadro
por momentos
doméstico

Hablan
como si lo que dicen
antes hubiera sido escrito

Tendremos que salir bajo el paraguas de nuestro contagio” / propone la anciana
y Miss Moore la consiente
entre cortos suspiros

Mis hijas entran
y escucho sus voces
incorporándose a la escena:

No te olvides que un hombre debe ser leído
 Hay que leerlo / no sólo escucharlo
 Su voz no siempre es su palabra”
responde una a la otra 
y advierto que hablan
como si lo que dicen 
antes
hubiera sido escrito.

 (de Libro de Boock, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2004).



two-women-having-tea